QUIÉNES SOMOS

MARTA SORIANO

Nací y crecí en Barcelona, ciudad cosmopolita y carismática a nivel arquitectónico, cultural, etc.
Mis sueños de infancia eran: ser artista, ser mamá y vivir en una casita de madera en medio del bosque y, poco a poco, los he ido convirtiendo en realidad.
De pequeña me construía mis propios juguetes con los objetos inservibles que la gente tiraba y me sentía atraída por el hecho de darle una nueva vida a los residuos.
También me hacía mi propia bisutería, pintaba piedras y las convertía en muñecos, construía castillos con palos de madera… nunca me aburría.
Sentía que llevaba dentro la vocación de ser artista pero mi familia me cortó las alas. En aquella época, en España, vivíamos bajo una dictadura fascista. Por diversos motivos, en mi círculo no estaba bien visto ser artista, además me decían que aquella profesión no me daría ni siquiera para comer, etc. etc.
Estudié dos carreras relacionadas con la comunicación y las culturas. Aprendí a hablar 8 idiomas, aparte de mis dos lenguas maternas, castellano y catalán.
Viajé mucho, no como turista, sino trabajando en diferentes países como intérprete en Ferias y Congresos, como guía turística, recepcionista y relaciones públicas en hoteles internacionales, secretaria de dirección en embajadas, profesora de idiomas, azafata en cruceros, auxiliar de vuelo, y un largo etc.
No sólo me interesaban los idiomas, sino las culturas de los países en general, sus costumbres, su música, sus platos típicos, su sentido del humor, etc. para así, poderme comunicar mejor con las personas.
Conocí el budismo en Los Ángeles en 1984, trabajando como intérprete en las Olimpiadas.
Tras 10 años de práctica budista, aquellas alitas que me habían cortado, me volvieron a crecer. Tuve el coraje de escuchar, atentamente y sin interferencias, lo que me dictaba el corazón: ser artista.
Aparentemente, todo ocurrió de una manera casual, aunque ya sabemos que la filosofía budista asegura que las casualidades no existen. Todos son causalidades.
Yo estaba trabajando en la fábrica de coches SEAT del Prat de Llobregat que, a raíz de unos problemas de fabricación, se asoció con la empresa alemana Volkswagen. Yo era la intérprete del equipo técnico alemán y pasaba muchas horas en la fábrica, rodeada de contenedores de componentes automecánicos defectuosos. Lo que para ellos, eran residuos.
Me llamó mucho la atención la belleza y la forma de algunas de las piezas que componen el motor de un coche. Pedí permiso para llevarme alguna de aquellas piezas a mi casa y empecé a hacer cuadros con relieves y texturas, enganchando aquellas piezas metálicas sobre trozos de madera.
Al año siguiente, fui a vivir a Alemania con mi pareja, que más adelante se convertiría en el padre de mi hijo.
Estaba trabajando como lectora en dos universidades alemanas, la de Mannheim y la de Heidelberg, y me tenía que levantar muy temprano para ir a dar clase.
Aprovechaba para hacer mis cuadros por la noche, pues de día, entre mi trabajo y mi hijo, no tenía tiempo.
Recuerdo que una mañana, cuando sonó el despertador para levantarme, yo todavía seguía haciendo mis cuadros con las piezas metálicas. Se me había pasado la noche volando y no me había dado ni cuenta de la hora que era, estaba disfrutando con mi creatividad y sentía que le estaba dando una nueva vida a aquellos residuos.
Esto me ocurrió más de una vez.  Y una de aquellas mañanas, al sonar el despertador, me puse a hacer mi práctica budista con la fuerte determinación de convertir aquella actividad en mi verdadera profesión. En mis oraciones lancé como un gran grito al universo, sentía como si tuviera un gran ejército a mis órdenes y, al recitar el mantra, todos los soldados se ponían de acuerdo para trabajar en pro de mi felicidad y para convertir mis sueños en realidad. Y así fue.
Unos días más tarde, llamé por teléfono a los directivos de la Volkswagen en Alemania, que había conocido en España, y les pedí una cita para enseñarles mis cuadros. Los puse en el  maletero de mi coche y conduje tres horas hasta el norte de Alemania.
Cuando los vieron, me dijeron que les venían “como anillo al dedo”,  pues acababan de construir una nueva fábrica de piezas de recambio con oficinas muy modernas, en las que se entraba a través de un túnel de metal y cristal, y no sabían cómo decorarla. Me dijeron que tomara medidas de algunos espacios y me hicieron un pedido.  
¡¡¡Mi primer pedido!!!
Yo estaba contentísima y rebosante de agradecimiento por aquella respuesta a mis oraciones. 
Y no sólo eso, sino que también me invitaron a impartir un taller de una semana de duración, dirigido a aquellos empleados de la empresa que, voluntariamente, quisieran participar. Yo les tenía que enseñar a transformar las piezas que ellos tocaban día a día, en obras de arte y verlas desde otra perspectiva. Quisieron hacer una prueba psicológica para comprobar si, después de realizar aquel taller, esas personas eran más creativas en sus puestos de trabajo. Y así fue.
Y cuando me veían por la fábrica ya no decían: “mira ahí está la intérprete”, sino “mira ahí está la artista”.  Y yo, no salía de mi asombro, con mi cabeza bien alta, me encontraba en plena metamorfosis, como cuando un gusanito se transforma en mariposa. Tanto el taller artístico, como el pedido de los cuadros, suponían inmensos retos para mí, y me preguntaba si daría la talla y si estaría a la altura.
También me preguntaba cómo valorar mis cuadros y estaba desorientada a la hora de ponerles un precio. Todas las respuestas las fui encontrando gracias a mis oraciones diarias budistas.
Todo fue un éxito, tanto los participantes como los directivos quedaron muy contentos y yo disfruté como nunca. Me sentía “en mi salsa”.
Antes de entregar los cuadros, los llevé a un estudio fotográfico para que les hicieran fotos profesionales. Me hice un pequeño álbum y regresé a España con una gran inyección de moral y decidida a abrirme camino profesional en favor del medio ambiente, de la revalorización de los residuos como materia prima para la creación artística.
Monté mi propia pequeña empresa con el nombre de Ecoart-Didactic, como una entidad sin ánimo de lucro.
Diseñé unas tarjetas y unos pequeños catálogos con las fotos que tenía, y me lancé a por todas. Había hecho más de 20 millones de daimoku (oraciones budistas) en 10 años, lo que suponía recitar el mantra varias horas diarias.
Y durante un par de décadas he sentido que iba como en una alfombra voladora. La lluvia de beneficios ha sido espectacular.  He trabajado muchísimo y muy duro en pro de la educación ambiental, no sólo en España, sino también en muchos otros países de Europa, Asia, África y América, decorando empresas e instituciones, impartiendo talleres para niños, adultos, y formación del profesorado, haciendo exposiciones de cuadros, esculturas, objetos funcionales y mobiliario de diseño, siempre todo ello elaborado con residuos.
También he dado numerosas conferencias con títulos como:
«El residuo como recurso artístico y educativo», ó
“El residuo como recurso para el arte, el arte como recurso para la educación ambiental”.
He publicado numerosos artículos en prensa.
Me han hecho muchas entrevistas y reportajes y hay unos 50 videos en YouTube sobre mi trayectoria artística.
Tenía mi propio programa en televisión de ecología doméstica, en el que cada semana enseñaba a elaborar objetos útiles para el ahorro en el hogar.
Me comunicaba a través del arte.  Éste se había convertido para mí en el idioma más importante, una forma de expresión, a través de la que podía transmitir sin necesidad de palabras, y que iba directa al corazón de las personas.
Así mismo, he escrito y publicado varios libros.
Uno de ellos ya va por la tercera edición ampliada. Es una guía didáctica que contiene 325 talleres de arte con residuos, cosas que puedes hacer a base de materiales de desecho y ha sido premiado por el Departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña. El día de la entrega de premios, me sentía como una celebrity en los Óscar de Holliwood.
El último libro que he publicado trata sobre la construcción de viviendas con residuos. Tener una vivienda digna es uno de los derechos humanos. Desafortunadamente, existen muchas personas que no tienen una casa donde cobijarse. Hay muchos países pobres en los que la calidad de vida es penosa, ni existen infraestructuras para gestionar los residuos, ni hay recursos económicos para construir casas.
Reutilizar residuos como botellas, latas, neumáticos, etc. para la construcción, soluciona varios problemas a la vez: reduce el excesivo volumen de residuos que generamos y crea viviendas.
Sin duda, todos venimos a este mundo con una misión.  Es una gran bendición encontrarla y poder disfrutar de tu trabajo, en lugar de estar mirando el reloj y deseando con impaciencia que acabe tu jornada laboral.
Yo lo deseé intensamente y os puedo asegurar, tras más de tres décadas de práctica budista, que TODAS las oraciones que expresamos sinceramente ante, son respondidas. ¡¡Absolutamente TODAS!!
Aunque la respuesta no sea inmediata.
Es muy probable que tengamos que besar a algunos sapos antes de encontrar a nuestro príncipe azul. En ocasiones, se debe pasar por un proceso de búsqueda, más o menos largo, hasta alcanzar nuestras metas, como por ejemplo, descubrir nuestra misión en la vida y desarrollarla.
El segundo presidente de la Soka Gakkai Internacional (S.G.I.), Josei Toda, dio una orientación muy bonita en lo referente al trabajo. Dijo que éste debía reunir tres condiciones:
1.- Que te guste lo que hagas, que lo disfrutes y te sientas realizado al hacer tu trabajo.
2.- Que la actividad que desarrollas sea buena para el planeta.
3.-  Que te permita pagar tus facturas y llenar tu nevera.
Me siento muy afortunada por haber encontrado este budismo y contar con esta maravillosa herramienta para iluminar mi camino. Deseo de todo corazón que todas las personas encuentren su camino, sean muy felices y contagien esa felicidad a los demás, inspirándoles a través del desarrollo de su misión y su modo de vivir. El arte también es una poderosa herramienta para ello.
Y un buen día me fui a vivir al bosque!
Cerca de Barcelona, en plena naturaleza, construí junto con mis hijos la casa de madera de mis sueños. Estamos en medio del bosque, en lo alto de una montaña, frente al mar, con impresionantes vistas panorámicas.
Aquí el tiempo se transforma, mientras observas el gran azul, esa sutil línea donde se une el cielo y el mar, respiras el aroma del bosque y de las especies aromáticas autóctonas que crecen en este lugar – romero, lavanda, tomillo, salvia, laurel, menta, melisa limonera, hierbaluisa -, o escuchas la sutil combinación del sonido del silencio con episodios de conversaciones entre aves salvajes, dialogando y cantando armónicamente a ciertas horas del día.
Aquí encuentro la inspiración y la paz que necesito para crear mi arte y escribir mis libros.
Estos alojamientos de madera son ideales para que vengáis a disfrutar de unos días de descanso en la naturaleza, sentir la magia de este pequeño y carismático rincón del paraíso, reforzar la inspiración y elevar el estado vital.
Es un placer para mi poder atender a mis huéspedes personalmente en diversos idiomas: catalán, castellano, francés, inglés, alemán, italiano…
Me encanta conocer a nuestros huéspedes personalmente y recomendarles mis lugares favoritos, los rincones a donde no va el turismo masivo, las playas tranquilas, las calas secretas de la Costa Brava, los restaurantes entrañables…
Me gusta decorar con esmero y de modo exclusivo todos los alojamientos, caracterizando cada uno con su propia historia. Todos están llenos de obras de arte y pequeños tesoros por descubrir.
Es como dormir en un museo o en una galería de arte.
Si quieres ver un pequeño aperitivo de las obras de arte que te esperan, te invito a entrar en mi web profesional:
www.ecoart-didactic.com
Muchas gracias y bienvenid@ a ECOART!
Marta Soriano

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